¿CÓMO DEBE DE SER LA EVALUACIÓN DE LOS APRENDIZAJES EN LA ESCUELA INCLUSIVA?
Es
prioritario y de máximo interés establecer un modelo de evaluación coherente con
los principios de inclusión: participación y aprendizaje de todos. Una
evaluación cuya finalidad no puede ser
la de clasificar o comparar a los alumnos sino identificar el tipo de ayudas y
recursos que precisan para facilitar su proceso educativo (C. Duk y R. Blanco
2012).
Una
evaluación continua, flexible y dinámica, que acompañe todo el proceso de
enseñanza aprendizaje y tenga como propósito fundamental proporcionar
información –al inicio, durante y al final del proceso–, para la toma de
decisiones. Es decir, que permita conocer el punto de partida de los alumnos
con relación con los aprendizajes esperados, retroalimentar y ajustar el
proceso de enseñanza acorde a las
características y necesidades de los estudiantes, y comprobar si se han logrado o no, y en que medida, los
aprendizajes.
En la
actualidad se define a la evaluación
inclusiva como un enfoque de la evaluación en los centros educativos comunes en donde la política y la
práctica están diseñadas para promover el aprendizaje del alumnado tanto como sea posible. De esta
forma, se insiste en que la finalidad de la educación inclusiva debe ser la participación y la
promoción del aprendizaje de todos los estudiantes.
Para
lograrlo, proponen una serie de elementos clave (Santiuste y Arranz, 2009):
- · Ser accesible para todos los alumnos y continua. Una evaluación “puntual” no parece suficiente para tomar decisiones sobre los alumnos, los profesores, los centros o la política de financiación y recursos.
- · Todos los procedimientos de la evaluación deben de estar ligados al currículo escolar e informar sobre el aprendizaje, favoreciendo el empleo de diversos procedimientos.
- · Promover el aprendizaje de todos los alumnos considerando la evaluación como instrumento eficaz para el seguimiento de los progresos y para la planificación.
- · La identificación y el desarrollo de las potencialidades y habilidades, requiere una formación adecuada que debe ser contemplada en los programas de formación inicial y continua para profesores y especialistas.
- · Evitar que el propósito “formativo” de la evaluación se distorsione o pierda, con el uso exclusivo de métodos de evaluación cuantitativa.
- · Comunicar a los alumnos y familias, los objetivos de los procedimientos de evaluación, como proceso positivo que destaca los progresos individuales.
- · Evitar los procedimientos de evaluación demasiado burocráticos reforzando la autonomía escolar. La organización de un apoyo eficaz es sumamente importante, con estructuras que permitan la colaboración y el trabajo en equipo entre distintos profesionales y servicios educativos.
- · Colaboración entre los profesores, planificando y compartiendo experiencias de la práctica inclusiva.
- · Implicación del alumno, de los padres y compañeros en actividades de evaluación continua, planificadas y apoyadas desde la escuela por el equipo docente y el profesor tutor.
- · Evaluación especializada en la identificación inicial de las necesidades educativas en el contexto del aula.
- · Variedad de recursos y herramientas sobre evaluación como manuales técnicos, materiales de evaluación en aspectos no académicos, instrumentos de autoevaluación y coevaluación, etc.
- · Tiempo de dedicación para actividades relacionadas con la evaluación y asegurar las tareas cooperativas necesarias.
- · Estar claramente unida a otros aspectos como la financiación y los recursos que apoyan la inclusión.
·
En
definitiva se trata de reforzar una evaluación formativa y formadora frente a
la sumativa, utilizando una amplia
variedad de estrategias y modelos en base a la colaboración y apoyo no sólo entre docentes, sino también con la
participación de especialistas, familias y estudiantes.
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